¿Cuál es mi deseo? Mi deseo es servir.
¿A quién quiero servir? Al Señor y a sus desdichados y a sus pobres.
¿Y cuál es mi recompensa?
Sirvo ni por recompensa ni por alabanza. Mi recompensa es que soy permitida servir.
¿Y si perezco en servir? “Si perezco, perezco” dijo la reina Ester. ¡Perecería por El quien pereció por mi! Pero El no va a dejarme perecer.
¿Y si envejezco en servir? Pues mi corazón será restaurado como la palma y el Señor me satisfará con su gracia y misericordia.
Voy hacia mi camino en paz, encargándole al Señor todas mis preocupaciones.
-Rev. Wilhelm Loehe