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Por Dcs. Graciela Rosin
Es un agrado compartir con ustedes estas informaciones, que espero que sean de su agrado, saludos en Cristo.
El hogar Jardín de Esperanza esta situado en la frontera de la ciudad de Villa Elisa, al sur-oeste de Asunción, los vecinos son familias normales de clase media, casi en frente del hogar está un cementerio parque muy bien cuidado con pasto verde y muchas flores, lo cual embellece el lugar. Lo que se usa mucho como referencia para mostrar la ubicación del hogar, es la central de combustibles, “Petropar”, que se encuentra a 200 metros más o menos y esta hace límite con el río Paraguay. Así que estamos a 1000 metros del río Paraguay.
Los fundadores del hogar, Liz y Giovanni Osorio, son casados y tienen un hijo varón de 8 años llamado Bany, llevan una vida familiar normal con sus debilidades y fortalezas, están felices por los logros obtenidos para el hogar que son en especial la construcción que está quedando cada vez mas linda y provechosa, la tan anhelada personería jurídica y los documentos personales de los niños. El hijo es muy solicito con los niños del hogar y les considera como sus hermanos, los dibuja en la escuela cuando dibuja su familia y ora por ellos cuando están enfermos le gusta jugar al fútbol y participa en competencias infantiles.
El señor Giovanni trabaja en la administración de la empresa de transportes de la ciudad, por lo cual ayuda los fines de semana al hogar, la sra. Liz hace las veces de madre y padre por los trámites administrativos y construcción del hogar, documentación, acompañamiento en las consultas médicas de los niños y otros eventuales eventos sociales. Los niños también ya han asistido a nuestra iglesia luterana cuando se les invita especialmente.
Los niños reciben ayuda espiritual casi todos los días, con algún versículo, dibujo o lectura de una historia bíblica, además los libros de la escuela este año son de base cristiana, entonces tienen mucha literatura cristiana y les gusta mucho. Me dicen: “Quiero pintar una dibujo de Jesús”, a veces se enojan si Jesús no está en la figura para pintar, y cuando están enojados la rayan todita. Creo que al querer pintar a Jesús, le quieren tener bien cerca de ellos y demuestran su fe, y cuando la rayan están enojados con ellos mismos, después de un rato vienen a pedir perdón por haberla rayado y piden otra hoja. A diario tenemos usar la disciplina con uno o algunos niños porque se portan mal, el castigo es quedarse sentado sin poder hacer nada por un tiempo de acuerdo a la gravedad de lo que hicieron.
Las fechas especiales como el día de la madre o del padre, día del niño, son muy significativos para ellos, a veces no saben a quien dar el regalo, porque la mamá de ellos ya está en el cielo, yo les digo que Dios les dio otras muchas mamás que les cuidan y Dios no les va a abandonar jamás. Los días de semana santa suelen separarse y pasar dos o tres en la casa de algunos tíos substitutos, aquí en casa suelen venir muchos fines de semana también, quieren venir todos los días.
Los tres adolescentes están actualmente haciendo un curso bíblico, cuyo material les fornece Cptln, (Cristo para todas las naciones), asisten al colegio y están más independientes y felices ahora que tienen su pieza separada de los más chicos.
En fin, con las demás señoras que trabajan en el hogar, estamos en función todos los días, es un ir en venir, gastamos todas las energías cada día, por eso la tenemos que pedir cada día a Dios que nos la renueve, y el nos escucha siempre, porque superamos tantas cosas y tenemos tiempo para reírnos de nosotras mismas, de las expresiones y picardías de los niños.
Con cariños, Graciela
TESTIMONIO
*Soy Mónica, tengo 41 años, soy madre de 3 hijas y 1 varón, tengo el vih/sida, soy cristiana de la iglesia pentecostal, no estoy participando ahora porque si no estoy acá, estoy en el hospital con algún niño. Hace un año estoy trabajando en el hogar Jardín de Esperanza, trabajar en este lugar fue para mi toda una experiencia y un gran desafío, por el hecho de que nunca trabajé en un hogar, yo me consideraba una persona sin paciencia y tolerancia, hasta que descubrí que al traerme el Señor en este lugar, tenía un propósito en mi vida que me costó comprender, pero hoy le doy gracias, porque estar aquí me llena de bendiciones, estar con estos niños cada día es una aventura. Pasamos momentos de alegría, tristeza, desesperación e incluso sueño, porque hay noches que no te dejan dormir, porque están con algunas enfermedades oportunistas, pero todo esto se recompensa con el amor y el cariño que estos niños nos entregan cada día. Sin querer, nos sentimos orgullosas y afortunadas por tener a 15 niños que cada día nos demuestran su amor y su cariño. Doy Gracias a Dios por estar aquí.